El 19 de agosto a las 13.30 horas empecé mi curso de manejo en las academias Oscar. 8 clases prácticas y 6 horas de teórico, a un precio nada módico imagino yo, pero que se hizo posible gracias a mi madre que me regaló el cursillo para mis 35.
Ya desde la primer clase, te llevan a manejar a la calle, eso sí no te preocupes, el auto por dentro tiene "doble comando". A bueno!, menos mal. Y qué será el doble comando me preguntaba yo, el 19 de agosto a las 13.25. Bueno a las 13.31 lo entendí: el-señor-que-sabe-manejar-el-auto tiene pedal de embrague y freno, nada más!!!!!!; ni volante, ni acelerador, por lo cual si me mando alguna cagada espero que el "doble comando incompleto" le alcance para evitar el quilombo. Eso sí, para completar lo faltante internamente, el auto por fuera tiene... ¿cómo decirlo?. Todos carteles luminosos, incandescentes, fosforescentes, con letras gigantes que gritan: CUIDADO, MANTENGA DISTANCIA, PRINCIPIANTE, NO SE MANEJAR!
Y entonces sí, previo pago del seguro, los Oscar’s Teacher te cruzan la General Paz y te obligan a subirte del lado del conductor y a manejar en la vida verdadera desde el primer minuto.
No se si estoy realmente muy bien y la terapia me está haciendo genial, al punto de poder afrontar los desafíos que se me presentan, tomar al toro por las astas, o en este caso al carro por el volante y salir al ruedo-calle y manejar-manejarse por la vida casi, casi como un adulto sin problemas... o bien; si estoy más loca que una cabra, que ni siquiera me doy cuenta de la magnitud de las situaciones: que la calle no es un ruedo, es una jungla, y hay autos, y colectivos, y gente cruzando y chicos jugando y combis que estacionan en doble fila y semáforos, y vías y no se cómo, no me lo preguntes, pero el 5 de septiembre a las 14.45 tuve mi última clase.
Resumen de las clases prácticas:
a) Manejar en la jungla, incluyendo avenidas doble mano: Ok
b) Respetar semáforos, transeúntes, señales de tránsito, barrera del tren: Ok
c) Aprender a poner el guiño para el lado correspondiente antes de doblar (considerando mi histórico problema para identificar a la izquierda y a la derecha con su nombre correspondiente... aclaración: se cuál es cuál, sólo tengo que mover un mano para recordar que esa es esa y no la otra!), bueno, todo: Ok
d) Conitos: OK
e) Estacionar: Ok
f) Ocho marcha atrás: PARA ATRAS!!!
No me saleeeeeeeee!!!!!!!! A ver señor Oscar, familia, amigos, público en general: el ocho marcha atrás no me sale, me subo sistemáticamente al cordón, o lo que simula ser cordón, que es una raya amarilla en el piso!!!! N-O-M-E-S-A-L-E !
Si no lo aprendo, no puedo ir a sacar el registro de conducir, porque si me subo a la raya amarilla, me echan, me gritan atrás de la raya amarilla... viste que los municipales tienen históricos problemas con las rayas amarillas, imaginate si encima me doy el lujo de pisar la raya con el auto.....
Y a mi no me importa que todos ustedes que ya manejan y tienen registro no hayan hecho el 8 marcha atrás nunca antes de ir a dar la prueba, y les haya salido bien, yo ya lo hice en dos clases y no me sale!! 9 veces en total y no me sale!!! Y me cago en la putísima madre que me re mil parió, si yo estaba tranquila de peatona en la vida, si a mi me encanta viajar en subte, me encanta caminar, me encanta ir de acompañante de G., porque merdus me tengo que someter a este curso cuasi torturante, para que me den un "carné" que diga que sí, que estoy apta para conducir-conducirme???!!!
Como sea, mañana si no llueve, tengo bonus track, me saqué una clase más, espero yo, la última, para ver si me sale el bendito ocho marcha atrás.
11.9.08
2.9.08
Lo que se hereda no se hurta
Cuando yo era chica mi madre transitó por una época de "yo te lo hago". Consiguió una máquina de coser, quién sabe de donde, y horribles revistas "Burma" de 10 ó 20 décadas anteriores con unos moldes para confeccionar ropa demodé para niñas. Tomó centímetro y me sometió a la dura tarea de la hija contenta porque mami, me va a hacer un vestidito y un enterito también, y de paso una blusita y también ya que estamos vemos si me alcanza la tela para una camperita.
A mi claro está, me gustaba más la mamá de "Vamos a Harrods", o a Santa Fe, a buscar algo de Hendy (viste que apareció otra vez Hendy, y Kitty también!), pero no, en esa primavera, ella tenía el deber ser puesto en la mamá costurera. Y le quedaron lindos los vestiditos hechos con esa tela de floripondios que hoy de tan vintage que eran ni siquiera te los pondrías. Pero yo sí. Yo me los puse. Y los usé como corresponde toda la primavera. Y me parecían horribles, completamente fuera de moda, me veía al espejo y sentía que era una mezcla de Heidi con Alicia en el país de las maravillas. Todo muy lejano a la ropa de Hendy, o de OshKosh que quería vestir. Pero los usé igual, porque en el fondo la quería, y la quiero, y a pesar que me resultaba y me resulta absolutamente impensado dejarme besar, tocar, abrazar o acariciar por casi cualquiera que no sea mi hija o G., porque no lo puedo manejar, che, no es que soy mala... simplemente que me da como una especie de rechazo eléctrico y eso no significa que no te quiera viste... Por eso me parece que como mínimo es injusto que venga y me reproche como al pasar, eso de "si, vos siempre fuiste un puercoespín, ya de chiquita te limpiabas con la mano los besos en la mejilla"... Un puercoespín puede ser, pero el único puercoespín que usó durante toda la primavera esos vestiditos horribles, para que ella, mi madre, se sintiera contenta.
Hoy pasado ya unos años, debo admitir, que algunas veces, sobre todo cuando se acercan los actos de fin de año del jardín de R., o alguno similar que implique disfraces, customizaciones y demás, como si me olvidara de lo vivido, me pongo el traje de costurera y me entrego a la obsesiva tarea de buscar telas, cortar y coser prendas talle 4 y decorarlas ad-hoc, con la ilusión de que mi hija vista orgullosa el modelete hecho con mis propias manos y se invente un mini fashion day, que estoy segura que R. atesorará en su memoria, de la misma manera que hoy yo, como un maravilloso gesto de parte de su madre. Y sino, prometo solemnemente que le pagaré la psicóloga.
A mi claro está, me gustaba más la mamá de "Vamos a Harrods", o a Santa Fe, a buscar algo de Hendy (viste que apareció otra vez Hendy, y Kitty también!), pero no, en esa primavera, ella tenía el deber ser puesto en la mamá costurera. Y le quedaron lindos los vestiditos hechos con esa tela de floripondios que hoy de tan vintage que eran ni siquiera te los pondrías. Pero yo sí. Yo me los puse. Y los usé como corresponde toda la primavera. Y me parecían horribles, completamente fuera de moda, me veía al espejo y sentía que era una mezcla de Heidi con Alicia en el país de las maravillas. Todo muy lejano a la ropa de Hendy, o de OshKosh que quería vestir. Pero los usé igual, porque en el fondo la quería, y la quiero, y a pesar que me resultaba y me resulta absolutamente impensado dejarme besar, tocar, abrazar o acariciar por casi cualquiera que no sea mi hija o G., porque no lo puedo manejar, che, no es que soy mala... simplemente que me da como una especie de rechazo eléctrico y eso no significa que no te quiera viste... Por eso me parece que como mínimo es injusto que venga y me reproche como al pasar, eso de "si, vos siempre fuiste un puercoespín, ya de chiquita te limpiabas con la mano los besos en la mejilla"... Un puercoespín puede ser, pero el único puercoespín que usó durante toda la primavera esos vestiditos horribles, para que ella, mi madre, se sintiera contenta.
Hoy pasado ya unos años, debo admitir, que algunas veces, sobre todo cuando se acercan los actos de fin de año del jardín de R., o alguno similar que implique disfraces, customizaciones y demás, como si me olvidara de lo vivido, me pongo el traje de costurera y me entrego a la obsesiva tarea de buscar telas, cortar y coser prendas talle 4 y decorarlas ad-hoc, con la ilusión de que mi hija vista orgullosa el modelete hecho con mis propias manos y se invente un mini fashion day, que estoy segura que R. atesorará en su memoria, de la misma manera que hoy yo, como un maravilloso gesto de parte de su madre. Y sino, prometo solemnemente que le pagaré la psicóloga.